Primero entendemos qué debe mejorar, quién interviene y cómo se medirá. Solo después decidimos si el caso necesita inteligencia artificial y qué capacidades son adecuadas.
2. La solución más sencilla que cumpla el objetivo
No añadimos agentes, modelos o arquitectura por apariencia de innovación. Utilizamos complejidad únicamente cuando mejora de forma comprobable la calidad, la integración, la seguridad o el rendimiento.