Revisamos qué activa el proceso, quién interviene, qué sistemas y documentos utiliza, dónde se producen esperas, errores o retrabajos y qué decisiones requieren criterio humano. También establecemos una referencia inicial de tiempo, coste, volumen, calidad o nivel de servicio.
Esta línea de base permite comparar más adelante la solución con la situación real, no con una expectativa abstracta.